En tu nombre. Silver Surfer

26 de Febrero de 2013 By Gato V

En muchas ocasiones me he encontrado con historias que tienen una premisa realmente interesante, un desarrollo prometedor y una ejecución realmente decepcionante. Esto es muy probablemente fruto de que es la ecuación más fácil de todas las posibles, pues las buenas idea abundan en el mundo del cómic, pero los artistas capaces de llevarlas a cabo son mucho más escasos.

En el caso de la obra que hoy nos ocupa “En tu nombre” se trata de un caso que encaja en el que arriba expongo.

Empezaré por la premisa. Se trata de una historia donde se ahonda en las contradicciones a las que se ve sometida toda utopía y que en la práctica totalidad de los casos acaba siendo transformada por sus propias fuerzas internas en una distopía construida con los despojos que tras su desaparición quedan adheridos al esqueleto de su predecesora. Las columnas de mármol de la sociedad perfecta se transforman en los barrotes de la jaula que para sus ciudadanos ha construido el dictador, que puede ser una persona, un conjunto de ellas o incluso la sociedad en si misma en los casos más absurdos.

Bajo esta premisa se crea una historia que pertenece a la línea argumental de las aventuras de Norrin Radd, más conocido como Estela plateada o Silver Surfer. En ella nuestro protagonista encuentra una sociedad utópica y, tras emocionarse por el hallazgo, descubre que no es tan perfecta y por último intenta ayudar en lo que buenamente puede.

Aunque trilladas, la historia y la premisa prometen, grandes obras de la literatura universal han partido de unos cimientos muy similares y han logrado alzarse hasta alturas que muy pocos pueden igualar. Por citar unas pocas se me ocurren ahora mismo “Un mundo feliz” o buena parte de la novela “La maquina del tiempo”. Sin embargo tener como modelo a gigantes tiene tantas ventajas como inconvenientes.

No es difícil que un lector se sienta cercano a la obra que está leyendo, pues incluso con unos pocos esbozos logrará hacerse una composición bastante clara de lo que está leyendo y por tanto la historia será familiar para el lector si continua con los mismos mimbres. Incluso una obra que resulte burda en su composición tendrá un cierto halo de calidad solo por su similitud. Es fácilmente comprobable por el que empieza a tocar un instrumento, lo haces fatal pero si tocas una canción conocida a todo el mundo le parece que suena mejor que si lo haces con una que no conozca nadie.

Pero de la misma manera que es fácil que una historia de calidad media obtenga un ligero brillo de calidad por comparación con los grandes, es muy difícil que una obra nos parezca realmente grande y sorprendente si nuestro modelo son las distopías clásicas de la literatura.

Esto lleva a que una historia que podría haber sido realmente un hito en la historia del personaje y posiblemente de las distopías literarias se quede en la enésima copia de los clásicos del genero. Durante el 90% de la longitud del tomo se nos promete, tácita o explícitamente, un momento realmente diferente a todo lo que hemos visto antes en estas tierras, algo hermoso en su complejidad o en su simplicidad, pero algo diferente. Sin embargo los primeros acordes de la sinfonía quedan poco a poco revelados como pinceladas de maquillaje en un cascarón vacío.

Con cada vuelta de página vemos que la realidad se nos presenta en toda su brutalidad y en todas sus formas de decepción. Hacia la mitad del tomo empezamos a ver que la historia va a ser una más, aunque según parece al menos tendremos pequeñas notas de genialidad que tal vez permitan que al menos la experiencia nos deje un ligero sabor dulce en la boca. Al llegar al final de la obra entendemos nuestro error de apreciación, pues la obra carece de genialidades y únicamente contiene momentos artificiales que ocultan la falta de contenido.

Subido a los hombros de Wells y Huxley vemos a un hombre plateado que parece una estatua argéntea y, por desgracia, esta vez tendrá la profundidad filosófica de una efigie de dicho material. El brillo del sol sobre sus músculos es todo lo que podremos obtener esta vez del que es, en mi opinión, uno de los personajes con mayor poder de evocación para autores que sepan extraer lo mejor de él.

La historia se deja leer, pero en realidad poco más se puede decir de ella. Manida en el mejor de los casos solo se salva por tener una sociedad distinta a la que ningún otro autor haya planteado antes, pero no ofrece nada nuevo al genero distópico como fuente de reflexión sobre el género humano.

El caso del dibujo es diametralmente opuesto. Hermoso y evocador, resulta un autentico placer girar sus páginas y quedarse minutos enteros mirando algunas de sus viñetas. En muchos casos son auténticos cuadros llevados a las páginas del noveno arte. Acompañados de la historia adecuada habría podido llegar a ser un clásico del género, pues realmente no se podría haber hecho mucho mejor para hacer que una historia de esta temática hubiera lucido más. Especialmente destacable el caso de la expresividad del protagonista, realmente amplia para un personaje tan carente de emociones y tan dado a ver el mundo desde la frialdad de su posición como errante autoexiliado.

Un ejemplo de lo que un buen dibujante puede hacer con una historia poco brillante y un ejemplo de lo exigente que puede resultar un genero como la distopía.

Si sois amantes de los cómics por sus dibujos compradlo, si sois más de historias pensadlo antes.

 

Gato V.

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